No soy Cenicienta

No soy Cenicienta

Definitivamente no sucedió como alguna vez me imaginé, como una princesa; ¡pero tuve mi propia historia de amor!

No soy Cenicienta - Capítulo 11

"La nota"

 

"Tengo catorce años. Vivo con mis padres y mi hermano una vida normal. Bueno, una vida normal para mí, porque sé que para los demás no es así. La mayoría de las personas ya tuvo novio, capaz que ya besó a alguien y todos los días le pasa algo interesante -hablo de conocer a una persona que guste de ella, con las que comparta una charla llena de lances y cosas así-; a mí no. Yo no conozco chicos que se sientan atraídos por mí todos los días... quizás nunca. Seguramente sea por mi horrible parte exterior. Sí, ya lo tengo muy asumido, y desde hace mucho, por lo que ya no me hace mal... Los que me conocen interiormente, tampoco quieren intentar algo conmigo, se ve que no soy tan buena persona.

En este momento tengo una mejor amiga llamada Mariana y amigos así, para charlar de cosas 'semi-importantes' y pasar buenos momentos. La gente de hoy tiene tres mejores amigos como mínimo, sean del sexo que sean, y amigos a rolete.

Algunos días me pregunto si debería convertirme en otra persona. Digo, usar vaqueros ajustados sólo para mostrar algo que, capaz, no tenga. Usar polleras para lucir mis piernas como si estuviera en una exposición. Dejar de ser tan tímida, enfrentar la realidad y no soñar. Hablar con cualquiera que se me cruce. Decirle que es lindo, todas las veces que lo crea. Pedir número, facebook, lo que sea... Pero estoy segura que nunca lo haría; esa no soy yo... y hay personas que me quieren por lo que, en verdad, soy ahora. Tímida, que no le hablo a nadie por facebook y siento miedo de mandar mensajes, aunque sea una pavada. Amante de los deportivos y enemiga de las calzas. Que quiero a mis amigos con todo lo que tengo, que daría todo por ellos y más aún, los escucharía aunque yo estuviera peor que ellos...

Estaba escribiendo esta especie de nota sólo para desahogarme, pero creo que lo usaré para saber quién soy... Para tener mis ideales altos, para nunca cambiar. Porque sea a la edad que sea que lea esto, yo sé que siempre voy a ser la misma. Un poco más madura, capaz, un poco más alta, pero siempre seré yo. No cambiaré por nadie. Si tuviera que hacerlo, lo haría por mí, por haber cometido un error y al  tratar de no caer de nuevo, al tratar de hacerlo mejor, cambiaría; pero nunca por otra persona.

Guardaré esto en mi cajita de recuerdos, aunque todavía no es uno, sé que pronto lo será.

Amanda."

Una lágrima salió de mi ojo, realizó un lento recorrido por mi mejilla, hizo un leve giro para no tocar mis labios y terminó cayendo al para nada arrugado papel. Lo había hecho. Había cambiado por alguien que no era yo. Me estaba traicionando a mí misma, estaba fallando. Pero por alguna razón no me retractaba de lo que les había dicho a Nicholas y Mariana. Así que, como si me hubieran borrado la mente, seguí con lo que estaba haciendo...

 

Corto, lo sé. Pero la "carta" es así y acá tenía que terminar el capítulo. Uff, quedó algo mal, pero ta, esto tenía que aparecer de todos modos.

Graciaaaas (:

 

No soy Cenicienta - Capítulo 1O

"A qué me llevaron los cambios"


Es que no quise. En algún lugar de mi cabeza se planteaba la idea que decía que Mariana me había casi echado, porque lo que dije yo no tenía sentido alguno y no cabía dentro de las posibilidades de "La Psicóloga Amanda". Pero la otra parte de mi cabeza, que era la más importante en ese momento, decía que mi mejor amiga estaba muy mal y quería estar sola, lo que había dicho yo no tenía nada que ver.

Ahora iba a sorprender a la otra persona que tenía que sorprender. Toqué dos veces la puerta y él apareció enseguida. Al principio, su cara mostraba cansancio, pero después sentí otra vez la confusión, como había ocurrido con Mariana.

-No pensé que fuera para tanto... -empezó más para él que otra cosa-. Pasá.

Ahí la confundida era yo, pero no le di importancia y entré alegre a la pequeña casita de mi mejor amigo. Me senté en la silla que casi tenía mi nombre grabado y esperé a que él llegara. No lo dejé hablar porque sabía qué iba a decir, así que me adelanté diciendo "Nop". No quería ni agua, ni refresco... nada. Sólo quería que él me dijese qué pensaba de mi cambio. Quería que me dijese "Estás hermosa", así que estaba más que ilusionada y emocionada, sentimientos que aunque se encontraban dentro de mí, estaba segura de que en mi superficie se notaban más de lo que deberían haberse notado.

-¿Qué te pasó?

La pregunta fue un poco brusca, no sabía cómo se había atrevido a preguntar semejante cosa. ¿Quería decir qué había pasado en mi cuerpo, en mi cabello, en mi cara? Lo encontraba un poco desubicado si así era. Mi rostro estaba paralizado, y mi habla también.

-Quiero decir... -rió nervioso-, ¿qué te pasó para que hicieras esto?

Mmm, un poco mejor, quizá. Sonreí falsamente para que pensara que ahora entendía a qué se refería y que su corrección me había gustado. Aunque no era del todo cierto...

-¿Por...?

-Una pregunta no se responde con otra -sonrió victorioso.

¡No había pensado eso! ¿Qué le diría? ¿Que ninguna persona del sexo opuesto me quería como algo más que una amiga, entonces había decidido convertirme en rubia, como ellos querían? ¿Que él no me había elegido a mí, sino a Rose, entonces yo me había convertido en alguien parecid a ella? ¿Que ya no era quien conocía, sólo por él? ¡Estaba en su casa, presentándome como una nueva Amanda, y no sabía qué decirle a un simple por qué!

-Porque... porque... ¿qué? ¿No te gusta?

-Reintero lo dicho.

Ahora no sonreía, ni siquiera lo intentaba. Él sabía que me pasaba algo, algo importante; pero no iba a caer, no se lo iba a decir, no se lo tenía que decir. Miré alrededor, buscando algún punto para poder concentrarme e inventar. Pero no podía, lo nerviosa que estaba se sumaba a sus ojos clavados en mí.

-¡No sos nadie para cuestionarme nada!

No supe si lo dije de verdad, si sólo lo dije porque quería escapar de él, si no se me ocurrió nada más... pero sobre todo, si el miedo de que se enterara del verdadero por qué me había jugado una mala pasada.

Caminé lo más rápido para la casa de Mariana, la única que no dejaría que llorara. Ni siquiera me acordaba del "Quiero estar sola" ni de su situación con Joe, sólo me importaba mi estado; cosa que nunca me había pasado. En realidad, ninguna de las cosas que me estaba pasando con el cambio, habían pasado por mi vida, ni siquiera una sola vez. Y solamente porque me quería proteger y no quería seguir sufriendo, pensaba que esas mismas cosas eran buenas...

-¡Hola! ¿Cómo estás? Yo no estoy bien... Fui a la casa de Nicholas y resulta que ya sabía lo de mi cambio (no sé cómo, pero no importa ahora), estaba sorprendido y me preguntó por qué lo hice. Me parece que se cree muy importante, como si fuera mi padre; yo no lo entiendo, está bien que seamos amigos y todo lo que quieras... pero hay un límite.

Las palabras salían rápidas, en fila una detrás de la otra, impidiendo que Mari hable. No supe cómo fui capaz de decir tanta cosa junta viendo la cara de mi amiga, pero ¡no podía parar! De alguna manera estaba diciendo una mentira juntada con quinientas más, porque la verdadera razón por la que estaba así no era que había un límite, ni nada por el estilo, sino que yo quería y mucho a Nick.

-¿Qué te pasa, amiga? Porque no creo que haya sido porque un día se te ocurrió ser rubia, usar vestido y ta

¿Estaba lista para decírselo? ¿Estaba lista para afrontar la realidad?

-Nada me pasa, nada. ¿Nadie puede entenderlo? ¿Nadie me acepta así? Ah, claro, capaz que ¡nunca nadie me aceptó!

La bronca iba más para mí que para ellos... Era algo que me invadía por completo y aunque en algún momento me daba cuenta de que era un error, no podía pararlo.

En ese instante sí que quería derramar algunas lágrimas, pero no tenía con quién. Había lastimado a las dos personas más importantes de mi vida y no sabía cómo arreglarlo. La parte renovada en mí, decía que no había nada que arreglar, pero la vieja Amanda sí. Llegué a mi casa como si me hubiera teletransportado y abrí el armario, busqué ropa cómoda, porque pensaba que iría a dormir, después de todo eran las ocho de la noche y y yo estaba muy pero muy cansada; pero algo cayó del ahora nuevo armario, un papel un poco viejo con un gran "Leelo" escrito con una caligrafía algo antigua en mí... Me acordé de qué era y con ello recordé que sólo tenía catorce años cuando lo escribí.

Lo abrí y leí:


Sinceramente no sé qué le pasa a metroblog, un día me acepta esos guiones laaaargos, que se parecen más a la realidad y otro día no. Pero bueno, así quedó :)

Em, espero que lo hayan entendido porque siempre que llegan estas partes en las novelas mi narración se vuelve entreverada y a veces imposible de entender. Siempre me digo, para consorme, que está bien así porque sólo tengo trece años y que cuando crezca será mejor... porque realmente espero que así sea. Por cierto, no soy de Argentina. Nuestro vocabulario es parecido (hablo del que usamos nosotras habitualmente e.e), pero soy de Uruguay :D

En fin. Gracias por todo, otra vez!

No soy Cenicienta - Capítulo O9

"Mi primera sorpresa"

 

—¿Te gusta? —preguntó ella después de unas horas con un espejo detrás de mí. Abrí los ojos ya que estaba en mis pensamientos, casi durmiendo.

—¡Guau! ¡Espectacular!

Siempre hacía comentarios como “qué lindo”, o respondía esa pregunta con un simple “sí”, pero esa vez en verdad me encantaba la forma en la que estaba mi pelo. Reflejaba lo que yo en ese momento no podía expresar. Salí mucho más contenta de ahí rumbo a mi responsabilidad: estudiar. En cuanto bajé del ómnibus, todas las miradas se fijaron en mí. Puedo decir que sí, allí rebozaba de felicidad. Nunca habían prestado tanta atención a lo que hacía. Me agrandé un poco por lo ocurrido, y empecé a caminar firme y puse mi mirada de la misma manera. Me coloqué los lentes de sol que elegí esa mañana y entré dispuesta.

La tarde no pasó normal, debo aceptarlo. Recibí muchas miradas. Algunas me daban lo mismo, pero otras me intimidaron. No pensé que sería tan duro tener que ser, por una vez, el centro de atención. Miraba a todas esas chicas que caminaban moviendo sus caderas de un lado a otro, y que observados por todos, observados de una manera asquerosa y tal vez pervertida, no decían ni “a”. ¿Por qué a mí me ponía nerviosa? ¿Por qué me daban ganas de pegarles? ¿Sería que era mi primera vez, que nunca me habían mirado tanto? La respuesta fue “sí”, ¿qué más podría ser? Además de miradas, recibí cumplidos, elogios, aunque ahora que lo pienso no puedo calificarlos de tal manera. Fueron “chamuyos”. Para mi mala suerte, yo no lo sabía en ese entonces. Y lo tomé como algo bueno, como algo que estaba funcionando en mi plan. Yo era feliz.


—¿Y? ¿Qué te parece? —le pregunté a mi amiga Mariana, quien se encontraba justamente debajo del umbral de la puerta que acababa de abrir, después de que yo tocara el timbre y empezara a dar vueltas sobre mi eje, mostrando mi pelo y mi ropa. Su expresión era sorpresa, y la entendí, después de todo estaba más que bien que se encontrara así. Pero lo que no me gustó, fue cuando su mirada de tornó a disgusto. Mi sonrisa desapareció mientras cruzaba la puerta de su apartamento.

—Te queda… bien.

No me preocupé por cómo pronunció ese “bien”, me preocupó el hecho de que, después de hacerlo, se haya tirado al sillón, como si nada en este mundo valiera la pena.

—¿Qué pasa?

Me senté a su lado, y la miré totalmente preocupada. Ella giró su rostro hacia mí y como yo lo presentí, ella no estaba nada bien.

—Joe, eso pasó. Después de que logro olvi… —paró de hablar, se dio cuenta de su error y prosiguió—: superarlo, vuelve.

Iba a hacer mi típico discurso, diciendo que todo iba a estar bien, que tenía pensar bien qué iba a hacer, que si estaba así era porque lo seguía queriendo y tenía que hablarlo con él; diciendo todas las cosas que hubiera dicho si no hubiera cambiado.

—¡Salgamos a algún lado, un baile, una cerveza y un tipo, eso lo resolverá todo!

Mariana, que en ese momento miraba algún punto fijo de la televisión, pero obviamente sin prestarle atención a la comedia romántica que allí estaban pasando, abrió los ojos como si se le fueran a salir y los posó sobre los míos, que seguramente mostraban emoción, locura y excitación.

—¡¿Qué?! —hizo una pausa, en la cual yo no pude decir nada— Quiero estar sola. Caminó hasta la puerta, sin dejarme hacer nada. Ella, con su mirada, incitó mi salida y enseguida le hice caso. Una vez más, me coloqué los lentes y puse mi mirada firme. No miré hacia atrás.

No soy Cenicienta - Capítulo O8

"Luz, cámara, acción..."

 

No se lo iba a contar a nadie, iba a darle una sorpresa a todos. Además, no quería que nada ni nadie se interpusiera, por lo que debía actuar sola. En mi mente todo sonaba como si fuera a robar un banco o secuestrar al presidente, pero para mí sólo iba a ser el cambio, uno muy grande. Todo lo que había sido, se quedaría allí, en el pasado. Nunca más volvería a ser lo que fui, por más que mi mente lo gritara; porque mi corazón necesitaba esa transformación en ese momento de mi vida, en el clave. Era el primer abismo que me había presentado la vida, y yo sabía cómo saltarlo y seguir caminando. Primero que nada, tenía que cambiar mi aspecto; era la parte más fácil y aparte, la segunda fase, como la había llamado, sería más fácil también de ejecutarse si yo me sentía cambiada por fuera. Agarré la tarjeta de crédito, pedí un taxi y me encaminé al Montevideo Shopping. En un primer momento, fui al área a la que había ido la mayoría de las veces; había montones de ropa deportiva y blanco, azul y gris eran los colores que predominaban. Estuve allí hasta que casi como una lamparita, mi cerebro se volvió a encender. ¿Qué hacía en ese lugar, si lo que necesitaba era un cambio? Volví a mirar algunas tiendas, sólo para mantenerlas como un recuerdo, algo pisado y tal vez, roto. Caminé rápido a otra zona. Estaba llena de gente que me miraba hasta los cordones -que casi siempre se trataba de mujeres, debo admitir- las tiendas estaban repletas de personas con muchas bolsas en sus manos... Las vidrieras explotaban de colores: rojo, rosado, azul, turquesa, amarillo, y todos con sus debidas tonalidades. Jeans, buzos que en mi vida había visto, camperas... vestidos. Mi boca quedó abierta. Un hermoso vestido negro con pequeños toques de violeta reposaba tras un casi espejo. Entré apresuradamente, lo compré y con una sonrisa salí para ver qué más podría llevarme a casa. Luego de unas horas, que sinceramente se habían ido volando, tuve que volver a casa. De verdad que ese día fue uno de los mejores, había podido pasarla conmigo misma y esa oportunidad casi nunca se daba. Nunca fui muy fanática de las compras, pero esas horas fueron mías, no importaba cómo ni con qué, habían sido sólo mías. Respirar del mundo me mejoró un poco. Pero ya iba a llegar todo lo que quería, todo lo que imaginaba. Y "todo" se veía bien.



Al otro día me levanté lista para un día nuevo. Un día lleno de luz y color; eso esperé después de abrir los ojos con una sonrisa. Así que tuve que empezar como se debía. Abrí el armario, en el que yacían varias prendas con su etiqueta correspondiente. La sonrisa fue ascendiendo. Observé todo detenidamente por varios minutos, o eso creo... y me decidí por un vestido con estampado de flores multicolor. Pasar de un pantalón y una casi polera negros, a lo que me iba a poner, era un gran cambio, por lo que ya no era una simple sonrisa, sino que ahora mostraba mis dientes. Cuando pasé al baño, me miré de nuevo. No lo hice tan profundamente como lo había hecho antes, pero me di cuenta del error: llevaba una colita de caballo en el pelo.

Después de ponerme los zapatos con tacos de unos cinco centímetros -ya había caminado con ellos por toda la casa, para, de alguna manera, "practicar", porque nunca me había siquiera acercado a uno de esos-, me dirigí a la peluquería. Le pedí a la dueña que me hiciera un lindo rebajado y me tiñera el pelo de un rubio que había elegido de todos los que se encontraban en una revista.

 

Quiero decir que no soy superficial. Que no pienso eso de que necesitan ser rubias, usar ropas así, bla, bla... Además del amor quería presentar ese problema y después se darán cuenta qué sucede...

Como siempre, gracias.

No soy Cenicienta - Capítulo O7

"No era suficiente"

 

Ya era lunes. No quería levantarme de tan cómoda cama. Se suponía que tenía que ir al IPA (Instituto de Profesores "Artigas"), pero ni ‘uno' de ganas. Decidí después de media hora pensando, faltar ese día. Mis padres me habían brindado la oportunidad de estudiar sin tener que trabajar para subsistir. Me dieron la casa, la comida y bueno, todo. No quería defraudarlos, pero mi estado era desagradable, anímicamente hablando...

Desayuné y fui al baño. Miré el espejo, y claro, me vi a mi misma.

Me di cuenta que mi mal estado no era sólo anímico, sino físico. Pero me fui a los detalles. Cualquiera a kilómetros de distancia se hubiera dado cuenta de por qué lloraba, aunque yo haya tardado una noche. Quizá siempre lo supe, pero no lo quería admitir. Quizá mi mente era un pastel, del que habían tomado pedazos y que ahora, era imperfecto, estaba manchado, borrado y ni siquiera él sabía que era de chocolate. Reí como siempre lo hacía cuando me paraba frente a este objeto. Las líneas de expresión se tomaron la molestia de aparecer, dejando huecos, deformidades en mi cara. Me quedé así un rato, sonriendo. Cuando toda piel "bajó" a su lugar, la única lágrima que quedaba escapó. Siempre pensé que tenía que ser quien era, que no importaba qué dijesen o pensaran de mí. Pero, la dos veces en la que había estado triste, deprimida se debían justamente a eso, a cómo era.

No tenía un gran peinado, sólo una cola de caballo. No era rubia, mi pelo era negro. No me gustaba maquillarme, por eso siempre lucía al natural. El reírme no era algo que me hiciera bella, como a otras personas, sino todo lo contario. No llevaba polleras o vaqueros ajustados, sólo joggings. No era una flaca raquítica, pero al mismo tiempo no era obesa; ¿podría llamarlo normal? Era tímida y no tomaba la iniciativa con alguien desconocido. No había tenido muchos novios, era inexperta en el tema de relaciones. Y así podría haber hecho una larga lista... Yo no era la típica chica a la que todos los chicos se acercaban.

No había sido lo suficiente para Joseph, y en ese momento no estaba siendo lo suficiente para Nicholas. El primero de ellos me ayudó a establecerme como persona, a encontrarme y a aceptar las cosas como eran. Pero el segundo lo único en lo que me ayudó fue a darme cuenta que lo que había sentido por Joe no era amor, solamente algo pasajero. Con Nicholas todo había sido diferente, pero en realidad nunca supe cómo. En algo más en lo que me ayudó Nick, fue en el inicio de mi plan.

 

Ahora sí, ahora sí... jaja.

No soy Cenicienta - Capítulo O6

"¿Y qué pasó?"

 

Me la había presentado como su novia. No sé por qué, pero tuve que fingir una amplia sonrisa y un "es un placer conocerte". Quizá era su aspecto, la juzgué antes de tiempo y sólo me cayó mal. Pero sentía que era algo más que todo eso. Y me asustaba cada cosa que pudiera ser.

Era simpática Rose. ¿A qué le tenés miedo, Amanda?, pensé. En un momento de la conversación, no escuché nada de lo que decían... Su voz se repetía en mi cabeza como un disco rayado: "Amanda, te presento a mi novia", "Amanda, te presento a mi novia", millones de veces. Y cada una de ellas, era una daga en mi pecho.

-Mi madre no "querre esho" para mí -agregué con un hilo de voz.

Busqué una escusa mientras me paraba, pero mi mente cada vez se ponía más blanca. Mi abrigo estaba cada vez más cerca de mi cuerpo, las miradas de ellos dos se posaban en mí, pero yo no decía nada... Yo no podía decir nada.

-¿Te vas? -preguntó algo decepcionado el.

-Sí, ¿no me ves? Pensé que tu visión era "más mejor".

La presión en mi pecho era tal, que parecía que los cables de mi cabeza se cruzaban, haciendo cortocircuito.

Su cara se transformó; ahora era confusión. No sólo que había dicho una barbaridad y que yo siempre hablaba muy bien gracias a años de lectura, sino que casi nunca le subía el tono. Nunca, a decir verdad. No me dijeron nada. Ambos pronunciaron la palabra "chau", después de haberlo hecho yo. Y sentí perfectamente sus miradas fijas en mi espalda.



En mi casa, simplemente lloré... Como una niña que tenía miedo por el constante sonido sobre su ventana, como la primera caída de tan esperada vuelta en bicicleta. Lloré. Y no quise descubrir por qué era que lo hacía, tenía miedo.

No había llorado por Joe, no había llorado en el final de "Titanic", no había llorado cuando mi abuela se murió; sólo por parecer fuerte. ¿Por qué lo estaba haciendo ahora? Sí, está más que claro que no quería una respuesta a esa pregunta, pero algo, más chiquito que una hormiga, pero flúor como una pulsera de todas maneras, se cuestionada eso.

En algún momento, me dejé llevar y todos esos dolores que un día se acumularon en mi cabeza, fueron desapareciendo. Esas penas imposibles de contar tenían lugar en moléculas de esa sustancia líquida que nunca entendí. Así dormí.

 

Si piensan que la Complicación de esta novela es esto, que Nick tiene novia, pues vayan borrando esa idea de la cabeza, jajaja. Me gustaría usar la frase "esto recién comienza...".

Gracias por  todo otra vez!!

No soy Cenicienta - Capítulo O5

"Ahora soy feliz"

 

Mi corazón se detuvo por dos segundos, lo juro. Miré hacia el lado del que provenía tan dulce voz masculina, y me encontré con unos rulos perfectamente ordenados. Sí, parecía que se había tomado la molestia de mover cada uno de esos rulitos para provocarme. Tenía unos ojos cafés claros que me observaban al mismo tiempo en que sus labios se encorvaban.

Mi ahora diminuto cerebro sólo pudo hacer presión en el helado para que luego la cuchara fuera directo a mi boca. Después de varios segundos más, cuando la crema helada estaba ya en mi laringe, o por lo menos eso creía, lo imité.

-Hola.

Esperé que se vaya, después de todo ¿qué hacía hablándome? Pero me equivoqué y mucho.


No podía parar de reír. No era sólo la gracia del chiste anterior, estaba feliz. Hace cuatro años que me consideraba una persona relativamente feliz; pero nunca lo fui como lo estaba siendo ese día, en la calle, caminando con una persona que conocía hace dos días aunque parecieran dos años. Nicholas, así me dijo que se llamaba anteayer; pero ya lo llamaba Nick. Hablamos de estupideces y salimos a distintos lugares desde aquel día.

Era un poco lenta con el tema de la amistad desde que tenía cinco años, aunque todos me vieran como una boluda por eso. Estoy meses para considerarme amiga de alguien, en serio. Y por eso, dos días no valían para hacerlo.

Un día lo hice. Aunque fue temprano para mí: había pasado un mes. Fue cuando una noticia llegó a mí. Estábamos sentados en el sillón de mi casa, mirando la televisión cuando mi celular sonó. Se encontraba en la mesita donde había una lámpara, pero del lado de él. Lo agarró porque se lo pedí, y sonrió cuando vio que el emisor era "Tincho". Según el sería algún "noviecito", pero era mi hermano. Se limitó a abrir el mensaje y a leerlo en voz alta con tono burlón.

-"Amandita, necesito hablar contigo. Se trata de la salud del tío. Cuando puedas, llamame. Besos."

Su sonrisa se desdibujó y me miró. Mi cara no era la misma, la graciosa de siempre.

-Perdón.

-No lo sientas, Nick -dije con una sonrisa bastante fingida-. Iré... iré a llamarlo -nuevamente intenté sonreír, pero creo que sólo salió una mueca que hubiera asustado a cualquiera; y por su reacción, creo que así fue.

Me dirigí a mi habitación, donde esperé que fuera una buena noticia... podría serlo después de todo, ¿no?

No. Estuve hablando por media hora y no era como quería que fuera. Y el hecho por el cual me consideré amiga de Nicholas Jonas desde ese momento en adelante, es porque él estuvo conmigo en todas partes. En mi casa ese día, cuando fui a ver a la persona con la que había pasado toda mi infancia y adolescencia al centro de rehabilitación y cuando lloré varias noches seguidas.

Tenía a Mariana, mi mejor amiga desde pequeña... y eso era lo único que necesitaba. Ahora estaban lo dos apoyándome siempre, y me agradaba mucho la idea. Las personas con la que solía compartir un salón de clase desde los doce hasta los dieciocho años, no se cansaban de reciclar a sus amigos. Además, siempre tenían miles de ellos rodeándolos todo el tiempo... Nunca lo envidié, ni los odié; sólo me pregunté por qué.

Mi felicidad cada vez era más grande y me dije a mí misma que yo, no necesitaba ser otra y que así, fea, con el dolor de amor correspondido superado y con el amor completamente borrado de mi vida, no necesitaba nada más.


-¿Qué dice? -preguntó de lo más curiosa después de ver que yo ya había leído por completo el mensaje de mi mejor amigo.

-Dice que tiene una sorpresa para mí, que me espera en la pizzería.

-¡Qué poco especial! Si se te va a declarar, que lo haga en un lugar más romántico.

De inmediato soltó una carcajada que no me gustó nada. Yo reí sarcásticamente, tomé un abrigo y desde la casa de una persona que como yo, había superado a Joe, fui a la pizzería que habitualmente íbamos.

Morocha, pelo corto, ojos oscuros pero bonitos, curvas delineadas, sonrisa infinita. Hermosa. Así era ella.

 

OK, si vamos a los detalles, está algo entreverado; pero me gustó y creo que cada vez va a ser mejor.

Y graciass!

 

No soy Cenicienta - Capítulo O4

"Todo atrás, menos el sentimiento"

 

Mi vida iba a continuar; con amigos (dos amigos de verdad, pero amigos en fin), con una vida amorosa totalmente tachada y en mi mente el "todo va a estar bien".

A Mariana y a Joseph se los veía muy juntos y felices. Eran novios pero seguían siendo los mejores amigos de siempre. Y eso me hacía feliz a mí, ¡por supuesto! No era lo que yo quería, obvio. No estaba abrazando a Joe, no estaba contándole cómo me había ido en el día. Pero eran mis amigos y juntos, era lo que nunca habían podido ser.

Nunca más hablé sobre el tema; a veces tenía cierta nostalgia a algunos sentimientos, pero logré dejarlo todo atrás, como había prometido.

Porque los apoyé a los dos estos cinco años...


-¡Me dijo que era una caprichosa e histérica de mierda! -siguió relatando Mari, gritando a punto de explotar y con su maquillaje completamente corrido gracias a la gran cantidad de agua salada que corría por sus mejillas en ese momento.

Trataba de calmarla con una mirada, con mis dedos entre sus pelos largos y rubios, pero nada podía hacerlo ya.

-Pero al final, ¿quién se equivocó? Él. Él es la razón por la que la relación terminó.

-¿Por qué decís eso?

Ella esperó un poco para responder. Cuando lo hizo, me miró y habló calmada, su rojo estaba desapareciendo y estaba hablando como la persona de veinte años que era.

-Cinco años, Amanda -respiró y por lo que observé, estaba en su mundo, recordando-. Desde que teníamos quince hasta ahora. Después de todo lo que pasamos, de decirme "te amo", ¿se besa con otra? Ento...

-...Cosa que no sabés si es cierta.

Me miró fijo y algo enojada.

-Entonces -hizo énfasis en esta palabra, para decirme que estaba hablando-, ¿qué es amor para él? Una vez sufrí por él, una vez esperé meses y luego de cinco años obtuve esto. No quiero ser víctima de Cupido.

Hablé un poco con ella, la convencí de que se calmara, descansara y que hablara bien con Joseph pronto. Y me fui para mi casa.


Pensé en todo lo que habían pasado; habían salido de malas, no tan malas como esta, pero sabían cómo enfrentar al mundo y sus problemas. No se podía arruinar así. Se querían y se notaba mucho.

Quería distraerme, así que salí de compras a un shopping, pasé por diversas tiendas y lo único que me compré fue un helado en la Plaza de Comidas.

-Hola.

 

Creo que quedó demasiado aburrido, por eso espero que los próximos no lo sean.

No soy Cenicienta - Capítulo O3

"La esperanza se fue"

 

No quería llorar, no debía llorar. Por suerte no estaba hablando por teléfono ni personalmente, porque estoy segura que mis ojos empezarían a gotear y mi secreto sería revelado. Era un poco 'feo' tener que hablar de ese tema a través de una computadora, pero así era mi amiga... y mi amigo.

Fui a la plaza después de haberle dicho a Joe que sentía la muerte de su abuela. En

efecto, una de las razones por las cuales se había distanciado de mi mejor amiga era por

sentirse triste; razón que no entendí. Pero la que sí entendí (no del todo), fue la que me quiso desgarrar el alma. Él la amaba, como más que un mejor amigo. Quería estar con ella, pero no solo para hablar, jugar y pasar el rato como mejores amigos.

Parecía una película: el padre herido que quiere tener una bebé pero por cuestiones de ésta ha hecho las cosas mal y en un lugar público mujeres y hombres disfrutan de la agradable compañía de una pequeño niño con risas, abrazos y amor incomparable, cosa que él no puede tener.

La diferencia es que esta es mi historia y lo que veía eran parejas. Abrazos, besos, cariño... Amor, amor y más amor. Y yo no podía sonreír. Yo no tenía a nadie a mi lado. Aunque quisiera, no podría pensar en lo que había hecho, correr hacia mis seres queridos, arreglarlo todo y final feliz, querida Amanda. No podría porque esto no era una película, esto no era ningún cuento de hadas, ¡ninguna cosa fuera de la realidad!

Y ese día, fue el que cambié. El que dejé mi mundo de fantasía atrás, el que dejé mis sueños con Joseph en el agua, para que sólo flotaran adonde quisieran ir, y con ellos, toda esperanza de amar... Si sufría tanto por él sólo por quererlo, no sé qué pasaría si llegaba a amar a una persona.

El dolor se apoderaba de mí. Pero yo vi el lado bueno de todo esto: Mariana, mi amiga, mi hermana del alma, iba a ser feliz en poco tiempo (porque ella tenía que pensarlo, y después de todo lo que había pasado, quería esperar... raros, ¿no?); Joe, mi amigo y la persona que quería me quisiera, también lo iba a ser. En muy poco tiempo me iba a importar más los sentimientos de ellos, que los míos. Y no me molestaba en lo más mínimo.

Mi esperanza de que alguien me quisiera se iba también. Tenía que aceptar que era completamente fea, que nunca iba a tener a alguien a mi lado, que nunca iba a ser feliz. Porque yo no era Cenicienta.

Deseaba con toda mi alma que todo lo que me sucedía pasara a la historia, que todo esto fuera el final de. Pero yo sabía perfectamente, que esto, era sólo el principio.

No soy Cenicienta - Capítulo O2

"Mariana"


Joseph había sido gran amigo de mi amiga, Mariana. "Mejores amigos por siempre", quiero decir. Este año, con el cambio de grupo, pareciera que eso hubiera cambiado; de parte de él, claro. Por lo menos eso sabíamos nosotras después de ninguna palabra en ¿tres?, sí, tres meses de clases en el liceo. Y ahí, clarita, la fuerte razón por la cual Mariana no quería ni mirarlo a los ojos ni hablarle.

Tengo que aceptarlo, el estar en su clase me ponía en una situación incómoda, pero más incómoda me ponía quererlo. ¿Quién me había mandado a mí a quererlo a él? Sí, que me gustara la persona que mi mejor amiga más odiaba, estaba difícil. Era, de alguna manera, traicionarla, ¿no? Pero no podía... ¿aguantarme? ¿Dejar de quererlo? Definitivamente quería desaparecer.

Él era muy distinto conmigo. Es decir, hablábamos, pasábamos tiempo juntos, peleábamos por estupideces... y a veces me consideraba su amiga por el hecho de tener conversaciones un poco profundas. No quería odiarlo, creo que tampoco tenía que. Sé perfectamente que Mari me entendía.

Y yo sé, yo sé que Joe tiene algo escondido. Lo noto en su mirada. Sí, porque él la mira. No sólo eso, pero no lo entiendo, no sé cómo explicarlo.


Llegué a mi casa. Estaba sola. Sonó el teléfono y me limité a contestar; era Mariana.

-No nos vemos hace media hora; no seas tan obvia, sé que me extrañás.

-Muy bien, ¿vos?

Y así de raras éramos. Luego de un rato de conversar, de reír, de ponernos serias...

-Amanda, Amanda.

-¿Sí, querida? -pregunté con el tono más "fino" que me salió dado su manera de pronunciar mi nombre; debo aceptarlo, era totalmente desconocido para mí su tono.

-Nada, nada. Después hablamos.

-Cha... -y colgó.

Me preocupé. Pero no quise alterarme.

No tenía deberes así que aproveché la situación para internarme en la computadora. Entré en Facebook y en MSN. Me percaté de que en los dos, estaba conectada ella. Mi amiga. La única, a decir verdad. Podía aceptar que hablaba con muchas personas en la clase, quizá en las redes sociales; pero mi única amiga era ella. La persona que me escuchaba cuando más lo necesitaba (lo único que no sabe es acerca de Joseph), que me apoyaba en absolutamente todo aunque creyera que estaba loca, que me daba consejos y que me decía "te quiero" sintiéndolo desde el corazón.

Le hablé en Facebook, un poco entusiasmada: "Holaaaa, Mari!". Luego de veinte minutos, no obtuve respuesta. Opté por bajar los ánimos en el MSN: "Hola". No, nada.

Ya había pasado una hora, ¿qué mierda estaba pasando? Estaba llegando a mi celular, para mandarle un mensaje, podría estar pasando cualquier cosa, ¿no? Pero recordé que ella todavía no tenía saldo, por lo que le sería imposible responderme.

Dos horas.

<<Ya está -pensé-, tengo que llamarla>>.

Y así lo hice. La primera vez, después de cinco tonos, colgué porque nadie atendió. Me insistí a mí misma que no me preocupara. Otra vez; dos tonos y atendió.

-¿Hola? -noté su despreocupación pero también su voz apresurada.

-¡Mariana! ¿Por qué no contestás? ¿Qué te pasa?

-¿A mí? De verdad nada, no sé para qué me llamás; me hubieras hablado por chat.

-¡Ya te hablé! Mariana...

Colgó. Simplemente colgó.

Luego de eso me habló por MSN y me contó qué estaba pasando.

No soy cenicienta - Capítulo O1

-Esto es un texto.
¿Qué? ¿Qué lo era? No había escuchado ni un segundo la clase que estaba dando la profesora de Idioma Español, y creo que llegué tarde al empezar a parar oído: sonó el timbre. El último, para ser específica. Qué lento había pasado el día. ¿Por qué los profesores tenían tanta cosa para hacer los viernes?
Para ser adolescente, querer estar en un liceo, encerrada, trabajando y escuchando una clase era totalmente extraño y anormal. ¿Que si me gustaba el liceo? ¿Que si era anormal? Sí. ¿Lo mejor? Realmente me gustaba serlo. Y sí, aunque me parecía excelente ir a estudiar, ese día no era el mío y quería irme de ese lugar entre cuatro paredes sintiéndome secuestrada, desde el momento en que pisé el suelo de mi salón de clase. Para peor, no sabía por qué. Quizá porque era viernes... quizá porque tenía gimnasia... los profesores se pusieron pesados... o tal vez, por la simple razón de sentirme menos. Capaz que no era tan simple.
¿Sentirme menos? ¿Es esa la pregunta? Bueno, fea e idiota. Anti-social y por eso, sin amigos. Pero sobre todo fea.
Mi vida iba de punta a punta, de un a pájaro a un topo. Exacto, de estar feliz y de buen humor a estar de mal humor y triste. El negativo, que me acompañaba la gran mayoría del tiempo, había aprendido a esconderse. A estar ahí con una sonrisa, por más que doliera. Casi me acostumbré a sentirlo, lo único que cuando en realidad pasaba algo, algo realmente malo, eso se sumaba a todo lo feo que ya tenía dentro de mí, lo que daba como consecuencia un desastre emocional que me veía obligada a tapar y guardar nuevamente, haciéndose mi montaña cada vez más alta. El positivo no sé exactamente cuándo aparecía; pero me hacía sentir única, cuando me miraba al espejo hacía decirme "soy hermosa", me hacía pensar que podía superar a cualquier persona tan sólo siendo yo... Lo malo era que no duraba mucho, aunque lograba aguantarlo un poco más.
Una voz me sacó de mis pensamientos. Una voz que en serio podía "pararme" de muchas maneras: corazón, respiración...
-¿Cómo te fue en el escrito?
Pero claro, nunca me ha hablado para decirme lo que yo muy en el fondo quiero escuchar. En el fondo porque estas cosas "del corazón" nunca han sido claras para mí. Que me gustaba alguien pero nunca lo aceptaba, que cuando llegaba a aceptarlo no lo hacía del todo; era un amor no correspondido y me decía "no, no te gusta, Amanda..." Además, Cupido no era bueno conmigo.
-Supongo que bien -respondí, aunque mi respuesta podría haber sido perfectamente un "re bien, da para doce"; no quería mostrarme agrandada y menos sabiendo como era la gente conmigo tratándose de notas.
Él mostró una pequeña sonrisa. En ese momento no lo quería aceptar pero... qué lindo se veía cuando mostraba sus dientes en forma de felicidad.
-¿Y a vos?
-Mmm -sonrió otra vez-, un siete por lo menos.
Reí levemente y miré hacia abajo, específicamente a mis cordones. Salió mi amiga, que en este momento podría llamarla mi salvación o mi desgracia, dependiendo de dónde se lo mirase.
Arrancamos a caminar unos segundos después de que cruzara el portón de la salida del liceo sin palabra alguna. Y tal vez se debía a que me encontraba al lado de Joseph.

.

.

Cuando...

...esté sentada en una playa, con una persona que me ame. Cuando el sonido de olas se una a la paz de mi interior, cuando un suspiro no sea nada más que felicidad. Cuando al lado de mi cuerpo encuentre un libro que como autora tenga el nombre "Anaclara Cedrés" y leerlo sea lo único que me guste hacer. Cuando la gente me diga "bien hecho", sin importar nada más. Cuando no tenga nada por lo que sufrir, porque ya habría superado todo lo que la vida me puso en frente... ¡cuando tenga más ganas de imaginar, de experimentar...! En ese momento, te voy a poder decir, sin mentir, estando totalmente segura de todo: "Hoy, mi sueño se cumplió".

 

Ahora tengo algo en lo que creer... 

Quién soy

Es difícil decirlo cuando sé que nadie me va a entender. Soy cobarde, lo sé. Soy tímida. Aunque a veces diga que no me importa lo que digan los demás, sé que después de que me critiquen de mala manera, voy a estar frente a un espejo insultándome. Lo que en ese momento me definiría es la soledad. Esa de la que intento escapar, pero parece que el túnel se hace cada vez más largo. Y eso cansa. Y agota mis esperanzas. Me considero una de las únicas personas de trece años que además de estar todo el día frente a un computadora, se preocupa por la política, la sociedad con respecto a ella y todo lo que con esto tenga que ver. Si querés ver la parte viva, alegre y feliz que aún existe en mí, entrá a acá:  ♥  o sino, tan solo leé lo que escribo, y me vas a conocer mejor, porque cada personaje tiene algo mío.


Espero que me recuerdes si es que algún día mi sueño se cumple...